La enfermedad varicosa o várices, cómo se denomina comúnmente, es un padecimiento que se encuentra con mucha frecuencia en la población general.  Como es una enfermedad progresiva, requiere de un manejo adecuado tan pronto se identifica, si de maniobras preventivas se trata.

Si bien es cierto que difícilmente se previene, sí se puede realizar prevención secundaria, consistente en disminuir las incapacidades o complicaciones resultantes de la enfermedad. Hacer un tratamiento temprano evita llegar a etapas avanzadas.

Las várices son la manifestación de una enfermedad originada por la disminución de la resistencia de las paredes de las venas y de sus válvulas que conduce a su dilatación en cualquier lugar de nuestro organismo donde se encuentren.

¿Por qué se dilatan las venas?

Porque sus paredes y válvulas van perdiendo la resistencia a través de los años, debido a que se alteran las proteínas que las forman, especialmente el colágeno y la elastina.  Factores como la herencia familiar, el sobrepeso, el permanecer demasiado tiempo de pie o sentado, o los problemas inflamatorios sufridos con anterioridad (gripas, infecciones), pueden ser el detonante.

Otro factor que interviene es la fuerza de la gravedad. Cuando nos encontramos de pie las venas que llevan la sangre de retorno desde los pies al corazón deben vencer la fuerza de la gravedad, por lo que necesitan paredes y válvulas resistentes que impidan que la sangre se devuelva.

¡Pueden aparecer várices en cualquier parte del organismo que tenga venas!

Existen en la retina, en la nariz, en el estómago, en los miembros superiores y en los miembros inferiores, donde son más frecuentes.

Pero surge entonces la pregunta: ¿Cómo reconocer la aparición de la enfermedad?

Las primeras manifestaciones son de cansancio, sensación de pesadez, y en determinados casos, dolor.  También puede presentarse inflamación en las extremidades conocida como edema.

En el comienzo de la afección la sintomatología es de predominio vespertino; al final del día y con el reposo los síntomas desaparecen porque durante la posición horizontal del cuerpo los órganos se encuentran relativamente al mismo nivel. ¡Ha cambiado el efecto de la fuerza de la gravedad!  La sola presencia de los síntomas es señal de que la enfermedad ya existe.

SEÑALES PARA ATENDER

Aparecen pequeñas venas en las extremidades parecidas a las telarañas. Coloquialmente conocidas como «arañitas» y médicamente como telangiectasia.

También pueden manifestarse várices un poco más grandes, llamadas reticulares; con un diámetro de uno hasta tres milímetros.  Regularmente son de color azul o verdoso dependiendo del color de piel del paciente.

Cuando las várices continúan creciendo, se conocen como tronculares.  Aquí superan los tres milímetros de tamaño, lo que significa que ya se empiezan a notar. Es lo que popularmente se conoce como, «toda la instalación eléctrica por fuera».  Generalmente en este estadio se comprometen las venas superficiales principales o venas safenas.

A medida que avanza la enfermedad puede que se produzcan cambios en el color de la piel; aparece un color café ocre, acompañado de fenómenos inflamatorios o edema y descamación (dermatitis ocre), que al pasar el tiempo puede hacer que la piel pierda su elasticidad volviéndose completamente rígida (lipodermatoesclerosis).

Entonces pueden aparecer las úlceras.  Quedan expuestos los tejidos subyacentes a la piel, que tienen tejido nervioso de tipo sensitivo. El dolor puede ser muy intenso y únicamente se alivia cuando la úlcera se cierra.

LA ENFERMEDAD PROGRESA

Contra el dolor pueden utilizarse varias clases de analgésicos, pero puede aparecer una situación de tromboflebitis. Quiere decir que se producen coágulos dentro de las várices originando una reacción inflamatoria severa. Si estos trombos alcanzan a llegar a las venas profundas, pueden provocar una inflamación aún más severa en la extremidad, pero, además, pueden desplazarse al pulmón originando un tromboembolismo pulmonar. Lo que significa que las venas de los pulmones se llenan de trombos, conllevando a un riesgo alto de muerte.

ETAPAS

C: clínica.

C0: se manifiestan los síntomas sin que haya aparición de várices.

C1: aparecen várices pequeñas; las várices reticulares o pequeñas «telarañas».

C2: hay várices tronculares; con más de tres milímetros de diámetro.

C3: la extremidad comienza a inflamarse.

C4: junto a lo anterior, aparecen cambios de coloración en la piel.  Puede ser de color rojo, café o bastante oscuro.

C5: paciente con úlcera cicatrizada.

C6: úlcera activa, sin importar el tamaño. Puede haber úlceras de menos de un centímetro hasta de 20 o 30 centímetros de diámetro.

CAUSAS

Son multifactoriales. El factor más influyente es la herencia genética; un miembro de la familia ha sufrido vena varicosa en cualquier etapa de su vida.

Hay factores ocupacionales, como permanecer demasiado tiempo de pie o sentado.

Factor nutricional. El sobrepeso favorece la aparición de várices. (Hace que el retorno venoso se dificulte).

Múltiples embarazos también influyen. El útero al aumentar el tamaño ejerce compresión sobre las venas iliacas y la cava inferior, lugares en donde desemboca todo el retorno de sangre de los miembros inferiores.

Problemas inflamatorios sufridos durante el transcurso de vida también pueden influir en la presencia de la enfermedad.

¡PROTEGERSE!

Tratar de descansar con las piernas en una elevación máxima de 10° a15°.

Mantener el peso ideal. O no pasar de sobrepeso a obesidad.

Si debe permanecer mucho tiempo de pie se recomienda usar medias con un gradiente de presión; soporte elástico que facilita el retorno venoso y que debe ser formulado por el especialista que conoce la situación del paciente.

Pocos embarazos.

Los anticonceptivos orales y los anticonceptivos de depósito contienen hormonas que facilitan el desarrollo de enfermedad varicosa.

Evitar el uso de fajas.

LA ENFERMEDAD VARICOSA ES PROGRESIVA Y EN SUS ETAPAS AVANZADAS PUEDE LLEVAR A SEVERA DISCAPACIDAD CON ÚLCERAS Y DOLOR PERMANENTE.